No se puede ser genuinamente no violento y
permanecer pasivo ante las injusticias sociales.


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La nueva carnicería occidental en Libia



23-03-2011
 
Las matanzas de occidente se fabrican con o sin el apoyo de la ONU
La nueva carnicería occidental en Libia

 
 

Las matanzas de occidente se realizan impunemente. No hay mecanismo institucional internacional que lo impida. Ya comenzamos a ver en tan solo unos días la cantidad de civiles asesinados por las bombas de los imperios occidentales.

El discurso hegemónico imperial occidental siempre es el mismo. La fórmula se repite. Primero se acusa al oponente de estar a punto de realizar un “genocidio” (no importando si en la realidad se haya realizado o no) por medio denunciar la supuesta posesión de armas de destrucción masiva o de matar indiscriminadamente a la población. Seguidamente la acusación viene acompañada de una comparación con “Hitler”. Y finalmente, los medios de comunicación occidentales se encargan de hacer el trabajo sucio de relaciones públicas en favor de la guerra con o sin el voto de la ONU. La variable que se repite una y otra ves (y que ya no es cuestión de casualidad), es la inmensa riqueza petrolera que tiene el país en cuestión y cuan lejano del control de occidente está el régimen en el poder.

Gaddafi y Libia son la parte 2 de una película de horror fabricada en Estados Unidos y que ya vimos con Sadam Hussein e Iraq. Ni uno ni otro son santos inocentes. Ambos son dictadores implacables que fluctuaron durante su larga trayectoria autoritaria entre el conflicto y el apoyo a occidente. A pesar de su retórica hueca anti-imperialista, ambos en algún momento de su trayectoria hicieron trabajo sucio para occidente. Hussein lo hizo implementando, con el apoyo militar y financiero de occidente, la guerra sucia de 8 años de la CIA contra Irán. Gaddafi lo hizo reconciliándose con occidente y haciendo el trabajo sucio de la CIA de torturas en la “Guerra contra el terror” o el trabajo sucio para Europa reprimiendo migrantes africanos en la “Guerra contra los inmigrantes”. Ambos dictadores son ejemplo de cómo occidente no olvida ni perdona facilmente. No importa cuanto se reconcilien con occidente, no importa cuanto trabajo sucio hayan hecho para occidente, tarde o temprano occidente les pasa la cuenta.

La pregunta es: ¿por que en países donde verdaderamente se cometen actos genocidas o donde al menos se realizan matanzas indiscriminadas contra la población, occidente nunca interviene y, por el contrario, los proteje mientras en otros interviene descaradamente? Occidente arrastró los pies en las recientes revoluciones árabes contra Ben Ali y Mubarak. Ambos fueron por décadas marionetas neocoloniales de Occiddente. De la misma manera, Occidente no mueve un dedo contra las matanzas a sus respectivas poblaciones realizadas recientemente por el monarca de Bahrain y por el Presidente Ali Abdullah Saleh de Yemen. Estos últimos han disparado indiscriminadamente contra manifestantes matando civiles sin ninguna objeción seria de occidente y ahora con la ayuda militar de la monarquía fundamentalista pro-occidental de Arabia Saudita. En estos casos, occidente hace declaraciones huecas, vira la cara hacia otro lado ignorando las matanzas y termina apoyando la represión de estos regímenes contra sus pueblos.

La lógica de la acusación usada contra Gaddafi bien podría usarse contra Ali Abdullah Saleh en Yemen y contra el Rey de Bahrain. Entonces, ¿que determina la intervención de occidente? ¿porqué no hubo bombardeos ni acciones militares de occidente ni votos de Naciones Unidas contra las matanzas de Ben Ali, Mubarak o las recientes matanzas de Ali Abdullah Saleh y el Rey de Bahrain? Dos variables entran a determinar la acción de los imperios occidentales: cuanta riqueza petrolera tenga el país y si las matanzas las realiza un dictador incondicional pro-occidental o si las realiza un dictador en conflicto con Occidente. Esta hipocresía de ignorar las matanzas en unos países donde los regímenes son sirvientes de occidente y denunciarlas en otros donde los regímenes son críticos de occidente (aunque hayan hecho trabajo sucio a favor de occidente), responde a la lógica mafiosa de los imperios occidentales. Al igual que el jefe de una banda mafiosa la lógica de los imperios occidentales es la siguiente: estás conmigo de manera incondicional ciento por ciento o estás contra mi. Estar 95 por ciento a favor de occidente no es suficiente. El 5 por ciento en contra de occidente ya es suficiente en la lógica mafiosa imperial para liquidar al dictador de turno. Ahí están los ejemplos del General Noriega en Panamá, de Leonidas Trujillo en la República Dominicana, de Sadam Hussein en Iraq y ahora de Gaddafi en Libia.

Pero donde más se denota la hipocresía occidental es con el genocidio realizado por Israel contra los palestinos. Los mismos argumentos usados contra Gaddafi, aplican de manera mucho mas fuerte y contundente contra Israel. La violación descarada por parte de Israel de las resoluciones de Naciones Unidas y de las leyes internacionales, sus invasiones intervencionistas con los países vecinos, no impide a occidente de dar el apoyo incondicional, la financiación económica y militar y el veto en Naciones Unidas a favor del colonialismo sionista. La gravedad de los crímenes del sionismo son de una magnitud incomparable con los crímenes de Gaddafi y, sin embargo, occidente no mueve un dedo contra Israel.

La intervención occidental lidereada por Estados Unidos, Francia e Inglaterra contra Libia muestra cómo la hipocresía de occidente no tiene límites. La banalización de la palabra “genocidio” ha llegado a extremos cínicos inverosímiles. Se acusa de genocida a dictadores que no estén incondicionalmente con occidente y se ignora descaradamente las matanzas y los crímenes contra la humanidad cuando quien las realiza es un dictador o un régimen incondicionalmente pro-occidental.
 

De ahí la falta de credibilidad de occidente en el mundo hoy no importa cuanto se disfrace el intervencionismo con retórica hueca de “intervención humanitaria” a favor de la “democracia”. Las “intervenciones humanitarias” no solamente huelen a sangre derramada de civiles inocentes sino a petróleo. De todos los levantamientos populares recientes contra dictadores en el Medio Oriente, el único que ha recibido apoyo incondicional de los imperios occidentales y con el cual han intervenido en su favor militarmente es contra la única dictadura que occidente no apoya: la dictadura de Gaddafi. Con todos los demás dictadores, occidente ha intentado salvarlos frente a los movimientos democrático-populares.

Con esto no estoy diciendo que no se apoye el movimiento democrático popular contra la dictadura de Gadaffi en Libia. Se trata de apoyarlos sin intervencionismos imperialistas occidentales. Pero el movimiento democrático popular en Libia al vender su alma a occidente, terminará perdiéndolo todo. Lo único que ha logrado esta intervención es hipotecar el movimiento democrático popular libio para la futura cesión del control petrolero a compañías occidentales y para la creación de un nuevo régimen incondicional a occidente.

El intervencionismo occidental le ha dado la razón a Gaddafi. Al comienzo de los levantamientos populares contra su dictadura, Gaddafi los denunció falsamente como un movimiento de terroristas islámicos pro-Al-Queda con la esperanza de que occidente apoye su dictadura frente al levantamiento popular. Cuando esto no le dió resultado, entonces los denunció falsamente como un movimiento pro-occidental que busca darle el petróleo a compañías occidentales. La combinación entre la terquedad e inflexibilidad de la dictadura de Gaddafi contra toda reforma democrática y la terquedad de occidente en búsca de capitalizar petroleramente de la crisis en Libia, terminó trágicamente por darle la razón a Gaddafi. El movimiento popular en Libia está hipotecado de por vida con occidente. Nada bueno para la lucha por la liberación y descolonización de los pueblos saldrá de este conflicto no importa quien gane.

 

Traducido del francés por El Grupo Descolonial de Traducción

http://www.decolonialtranslation.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

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