No se puede ser genuinamente no violento y
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IMPUNIDAD, CRÍMEN SOCIAL Y ROBO EN SUPERMERCADOS



 IMPUNIDAD, CRÍMEN SOCIAL Y ROBO EN SUPERMERCADOS


Autor: Enrique Santiago Romero | Rebelión / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=154390

 

Tal y como ha explicado detalladamente el ex Relator de NNUU sobre el Derecho a la alimentación y catedrático de la Universidad de Ginebra, Jean Ziegler, cada cinco segundos, un niño menor de diez años muere de hambre o por sus secuelas inmediatas. Cada cuatro minutos, alguien pierde la vista debido a la falta de vitamina A. Hay casi 1.000 millones de seres humanos gravemente infra alimentados, mutilados por el hambre permanente. Y esto ocurre en un planeta que rebosa de riquezas. Los estudios de las Naciones Unidas (FAO) constata que en el estado actual de desarrollo de las fuerzas agrícolas de producción, el planeta podría alimentar sin problemas a 12.000 millones de seres humanos, es decir, el doble de la población mundial actual.
”Esta masacre cotidiana por el hambre no obedece a ninguna fatalidad. Detrás de cada víctima hay un asesino. El orden mundial actual no sólo es mortífero, además es absurdo. La masacre está instalada en una normalidad inmóvil. La ecuación es simple: quien tiene dinero come y vive. Quién no lo tiene sufre, se convierte en un inválido o muere. No existe la fatalidad. Cualquier muerte por hambre es un asesinato.” (J.Ziegler)

En España, hemos pasado de considerarnos entre las ocho principales economías mundiales y pelear asiento en el G-7, a ser el país de la UE con mayor numero de parados –casi seis millones- y de pobres: doce millones y medio en 2011 (Caritas), de ellos al menos dos millones y medio son menores.

Y si a diario este sistema capitalista de libre mercado en que vivimos viola impunemente el mas sagrado de los derechos de las personas – el derecho a la vida y la integridad personal- , que no ocurrirá con el resto de los derechos económicos y sociales, cuyo incumplimiento también mata, pero más lentamente, mas alevosamente: el derecho al trabajo, a la vivienda, a la seguridad social, a la sanidad, la educación, a disfrutar de un medio ambiente saludable y adecuado..etc. Todos ellos son derechos incumplidos, restringidos, suspendidos o eliminados.

La impunidad se define según NNUU como “la inexistencia, de hecho o de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones, así como de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento y, en caso de ser reconocidos culpables, condena a penas apropiadas, incluso la indemnización del daño causado a sus víctimas”.

La impunidad es incompatible con el disfrute de los derechos humanos, la paz, la democratización y la consolidación de un auténtico Estado de Derecho y menos aun de un Estado Social. Tradicionalmente la impunidad se ha manifestado vinculada a graves violaciones de los derechos civiles y políticos, crímenes contra la humanidad que difícilmente podían pasar desapercibidos. Pero la Impunidad alcanza igual de gravemente al disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales, no siendo perseguidas jamás las violaciones de estos derechos. La globalización de los mercados –incluido el de la comunicación- nos muestra la cotidiana negación de los derechos económicos y sociales y sus consecuencias -el hambre- como algo consustancial al sistema, que afecta a determinadas minorías de “perdedores” que no han sabido adaptarse a un mundo cada vez mas desregulado.

La Constitución Española de 1978 no incluye ninguno de los derechos económicos y sociales básicos para el disfrute efectivo de un desarrollo integral como persona y de una vida digna, entre aquellos susceptibles de ser reclamados mediante recurso de amparo constitucional. Así, la CE se desarma permitiendo en la practica la impunidad, no solo en materia de crímenes de lesa humanidad -crímenes del franquismo- sino también respecto al inmenso crimen contra toda la sociedad que constituye el sistemático incumplimiento de los derechos económicos y sociales sobre los que se asienta el contrato social sustento de los estados democráticos

Ello no significa que no exista una obligación legal que afecta a todas las personas, físicas, jurídicas o administraciones publicas, de respetar, cumplir, garantizar y no impedir el disfrute de los derechos económicos y sociales fundamentales. Aunque nuestra Constitución y el desarrollo legislativo de ella derivado lo haya ignorado con mayor o menor intensidad, los Tratados internacionales suscritos por España se sitúan en el vértice superior del sistema normativo interno, por expreso mandato constitucional precisamente.

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos hasta la reciente proclamación por la Asamblea General de las Naciones Unidas del Derecho a la Alimentación, pasando por el Pacto Internacional de Derechos económicos y Sociales, en el Derecho Internacional vigente no hay duda de la obligación legal de los estados y agentes no estatales de garantizar y de no impedir el pleno disfrute de todos los derechos económicos y sociales básicos.

En España se asentó hace ya lustros la “cultura de la impunidad”, y ello a pesar de existir un Poder Judicial que ejerce como tal y un largo brazo persecutor en manos de todos los gobiernos, la Fiscalia.

Es una lección histórica que en aquellos países que, habiendo sido victimas de crímenes contra la humanidad estos han quedado impunes, a continuación el fenómeno de la corrupción ha arraigado tan fuerte en la sociedad que, junto a su aliado natural la economía especulativa, han podido perpetrar el saqueo de la población y de las instituciones, provocando el hundimiento de la economía del país y el consecuente serio deterioro institucional y de la democracia.

Y también es regla cada vez mas general que sin acabar previamente con la impunidad de los graves crímenes de exterminio del adversario político, no hay forma eficaz de acabar con la impunidad de los posteriores crímenes contra la sociedad cometidos por quienes pueden hacerlo, quienes poseen el poder económico y político. Hablamos de defraudaciones masivas, estafas hipotecarias múltiples, usurpación del patrimonio publico mediante privatizaciones , fraudes masivos y millonarios a consumidores y usuarios, usurpación de recursos públicos, prácticas contratistas mafiosas, deuda publica injustificable, mercantilización de derechos sociales etc.

Así ocurrió en Argentina a final del Siglo XX, donde la impunidad de los crímenes de la Dictadura que acabo en 1983 provoco el hundimiento económico, social y político del país, -que llegó a investir Presidentes por semanas- a través de la corrupción, la entrega masiva de los recursos públicos al sector privado y el fraude bancario, todo ello ocurrido ya en democracia. Fueron las leyes contra la impunidad de mitad de la pasada década, respecto a crímenes contra la humanidad, y también respecto a crímenes contra la sociedad, las que permitieron a Argentina arrinconar al viejo régimen y poner en marcha un nuevo proyecto de país.

España, siempre a un ritmo mas lento, viene repitiendo de forma temeraria todos los errores que no hace tanto se cometieron en Argentina y tantos otros lugares, y no porque quienes nos gobiernas sean ignorantes, sino porque son los principales beneficiados por la impunidad. La impunidad es la de aquellos que cometieron crímenes contra la humanidad para exterminar a sus adversarios políticos, y después asentaron el actual marco constitucional. Es la Impunidad de sus hijos, que posteriormente, educados en la cultura de la impunidad en la que crecieron y convencidos de que los poderosos son intocables, cambiaron el Ejercito y la Administración por los MBA, los bancos y las empresas constructoras. Y así vienen perpetrando el grave crimen social que llevamos padeciendo cinco años, sin perspectiva clara de que vaya a dejar de cometerse.

En este contexto y con esta perspectiva, es de agradecer que los jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), con su mediática incursión en un par de supermercados, nos hayan recordado que en España y en Andalucía se esta pasando hambre, y que las causas son conocidas. Y es de agradecer que lo hayan hecho a la vez que se ha dado a conocer la ultima Memoria de la Administración Tributaria donde se indica que el 80% de lo recaudado en impuesto sobre la renta en este país procede de los ingresos de los trabajadores, que declaran de media ingresos de 20.000.- € año, mientras que la medida de ingresos declarada por profesionales y empresarios son 8.000.- € año.

Con el Código Penal en la mano, la incursión del SAT puede llegar a constituir un delito, y este si, no quedará en la impunidad. Esperemos que una buena defensa jurídica pueda conseguir penas leves o absoluciones. Respecto a las inconmensurables cifras del fraude fiscal es obvio, no hay duda, de que estamos ante un gravísimo delito, uno mas, un robo multimillonario a toda la sociedad, respecto al cual – como respecto a los demás crímenes sociales que se cometen a diario- ni el Ministerio de Interior, ni el de Justicia, ni la Fiscalia, consideran necesario abrir diligencias de investigación en Agosto. De momento, este crimen esta impune. Para el Gobierno, la incursión del SAT en Marcadona si amerita la apertura de diligencias urgentes.

La deslegitimación del Gobierno y del Estado para dar lecciones de ética jurídica, sobre robos y otros latrocinios mas sofisticados y masivos, es evidente. Y esto debería preocupar a cualquier gobierno que se hiciera llamar democrático, esa deslegitimación de unas instituciones rebosadas por la impunidad de los poderosos.

Izquierda Unida no ha aprobado ninguna campaña de expropiaciones de alimentos en supermercados, por lo que no es jurídicamente responsable de los hechos sucedidos estos días en Andalucía. Pero Izquierda Unida si es consciente responsable, políticamente hablando, de esos hechos, porque son evidente consecuencia del discurso que esa fuerza política viene manteniendo desde hace años, mas claramente si cabe desde el agravamiento de la actual “crisis”. Izquierda Unida acordó en su ultimo Consejo Político Federal adentrarse en la vía de la desobediencia civil, no para generar el caos, sino todo lo contrario, precisamente para contribuir a atajar el caos provocado por la desregulación sistemática de derechos. Para frenar y confrontar eficazmente el actual desmantelamiento de los pilares del estado social y de la democracia que se está llevando a cabo impunemente.

Ante unas instituciones que se amparan en la supuesta falta de capacidad del estado para acabar con los crímenes sociales masivos que estamos padeciendo, los ciudadanos tienen derecho a anteponer y crear otra institucionalidad que salvaguarde el estado social y de derecho. ¿O acaso alguien en su sano juicio esta dispuesto a que le usurpen el patrimonio vital que ha conseguido para sí y para sus descendientes, con la excusa de la imprescindible utilización de los derechos sociales como combustible de la economía?. El Estado cada día tiene menos legitimación para exigir el cumplimiento de los códigos de convivencia cuando estos fueron hechos añicos hace tiempo por mercados, transnacionales y bancos. Ellos rompieron las reglas del juego, no los jornaleros del SAT

Es evidente que Izquierda Unida va a apoyar y defender políticamente al SAT y a cualquier otro colectivo que ponga en evidencia la privación de derechos fundamentales de las personas y trabaje para garantizar los derechos vulnerados, recordándonos así que la Constitución en vigor establece que la propiedad privada siempre estará sometida al interés general. A finales del 2012, en España no es creíble presentar como un atentado contra la convivencia y el orden constitucional llevarse unos carros con alimentos básicos de unos supermercados, propiedad de empresas con millonarios beneficios, para entregárselo a familias con graves necesidades sociales.

Si el Gobierno quiere seguir por el camino de la criminalizaciòn ejemplarizante de estas actuaciones de desobediencia civil, se equivocara, y probablemente acabara teniendo que hacer frente a mayor, si cabe, conflictividad social. El pueblo español ha sabido perdonar los crímenes padecidos en el pasado, si ello era en aras de un futuro en paz, libertad y con bienestar. Pero ni este ni ningún pueblo permite ni perdona los graves y masivos crímenes sobre sus hijos que hoy se están cometiendo impunemente y, al menos, con la pasividad de los gobernantes. La obligación de cualquier gobierno es combatir eficazmente la Impunidad, toda la impunidad.



Enrique Santiago Romero es abogado y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal de IU

 

http://www.forumdesalternatives.org/impunidad-crimen-social-y-robo-en-supermercados

 



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El tinglado se cae



La corrupción toca techo y el empobrecimiento general se hace insoportable
El tinglado se cae

Andrés Martínez Lorca
Rebelión

 

Desde mayo de 2010 en que el entonces presidente Zapatero abrió la veda de los recortes masivos, no ha habido semana en que los gobernantes de turno, antes del PSOE y ahora del PP, hayan dejado de cercenar los derechos sociales, los salarios y las inversiones públicas. Y todo para salvar a los bancos, culpables de la crisis económica. Una mezcla de resignación y de autoengaño ha llevado a muchos a la pasividad ante la voracidad insaciable del capital financiero y los desmanes constantes de sus intermediarios en el poder político. Buena parte de la culpa recae en la mentira oficial de “los brotes verdes” pregonada por Elena Salgado, exministra “socialista”de Economía y Hacienda y actual consejera de Endesa en Chile, y en la falaz promesa de “la luz al final del túnel” repetida un mes sí y otro también por don Guindos, actual ministro de Economía, exconsejero de Endesa e ideólogo de FAES.
En paralelo a la sistemática destrucción de lo público planificada por los organismos de la Unión Europea y el FMI, y aplicada con rigor por ministros y consejeros autonómicos, se va destapando cada día la olla de la corrupción. Señalemos sólo los últimos casos que han saltado a la luz pública: imputación de Carlos García Revenga, extesorero del Instituto Nóos (creado por el duque de Palma, Iñaki Urdangarín) y ligado a la Casa Real desde hace 20 años como secretario y asesor de las infantas (el palacio de la Zarzuela guarda todavía un embarazoso silencio y la infanta Cristina acaba de declarar que “estaba muy afectada” por ello); descubrimiento por la Audiencia Nacional de una cuenta bancaria abierta en Suiza por Luis Bárcenas, extesorero del PP y exsenador por este partido, cuyo saldo llegó a alcanzarla cifra de 22 millones de euros; imputación de Manuel Bustos, alcalde “socialista” de Sabadell por cohecho y tráfico de influencias en la denominada Operación Mercurio; sentencia condenatoria emitida por la Audiencia de Barcelona que declaró la responsabilidad civil subsidiaria de Unió Democrática de Cataluña (UDC), presidida por el diputado democristiano Durán y Lleida, en el Caso Pallerols al constatar que hubo "aportaciones directas al partido".

Para no alargarnos más y morir no de indignación sino de aburrimiento, indiquemos que, de acuerdo a cálculos fidedignos, más de 300 políticos españoles están imputados en casos de corrupción a lo largo y ancho del territorio del Estado. Según un reciente despacho de la agencia Europa-Press, los casos de corrupción afectan a todos los niveles de la administración y las investigaciones en marcha salpican tanto a quienes han sido miembros del Gobierno, como a dirigentes autonómicos y numerosos alcaldes y responsables municipales. Además, se están llevando a cabo investigaciones sobre la gestión de distintas entidades financieras, como Bankia o la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), de cuyos consejos de administración formaban parte diversos políticos.

Las acusaciones de corrupción alcanzan de lleno a la dirección del PP

Tras la difusión de las andanzas de Bárcenas por tierras de Suiza y Argentina como un aparente inversor de éxito y un señalado evasor de capitales beneficiado por la reciente amnistía fiscal, en contra de lo que declaró en su momento Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, conocemos hoy en una meritoria exclusiva del diario El País las cuentas manuscritas de los tesoreros del PP desde el año 1990 al 2008. La práctica totalidad de la cúpula de este partido de la derecha española, incluido el actual jefe de gobierno, Mariano Rajoy, estaría implicada en el cobro de importantes cantidades de dinero sólo anotadas en unas cuentas secretas. También están apuntadas las aportaciones al PP de conocidos empresarios, en especial del sector de la construcción tan ligado al llamado “pelotazo del ladrillo”, es decir, a la galopante y protegida especulación inmobiliaria que contribuyó de manera decisiva a la ruina del país.

La negación rotunda de tales corruptelas por parte de la dirección del PP no hace sino arrojar más dudas sobre este siniestro episodio que raya en lo incalificable por su gravedad. Sólo el presidente del Senado, Pío García Escudero, ha reconocido que su anotación era correcta aunque él habría devuelto el supuesto préstamo. Podríamos hacernos algunas preguntas al respecto. Si están tan seguros, ¿para qué van a realizar una auditoria interna y externa de su contabilidad? ¿No se reconocieron en vía judicial las irregularidades cometidas en el pasado por el extesorero del PP Rosendo Naseiro, aunque se acabó dando carpetazo al proceso sólo por defectos de forma? ¿Por qué el único condenado hasta ahora en el Caso Gürtel ha sido el juez Garzón que investigó la trama? Si Luis Bárcenas actuó correctamente y no hubo ni financiación irregular, ni sobresueldos en dinero negro, ¿por qué reniegan ahora de su extesorero y lo tratan como a un apestado, después de haber tenido despacho en la sede de Génova hasta hace una semana?

No puede admitirse que en una pirueta de cara a la galería el propio PP garantice su honestidad con una auditoría encargada por ellos o mediante una comisión parlamentaria que, controlada por ellos mismos, eche tierra al asunto.

Ante la extrema gravedad de las acusaciones, la ciudadanía tiene derecho a exigir una actuación rápida y a fondo por parte de los tribunales de justicia así como un debate sobre el tema en el pleno de la Cámara de Diputados, tal como ha pedido con toda razón el diputado de IU Cayo Lara. De no ser así, el gobierno debe dimitir y convocar elecciones generales para que el pueblo haga frente a un doble enemigo interno: una política económica que aplasta a las clases populares y una corrupción generalizada que socava las bases del sistema democrático.

La transición política del franquismo a la monarquía borbónica ha mostrado en los últimos años su esterilidad y agotamiento. El tinglado levantado con esmero por los poderes fácticos y apoyado sin escrúpulos por algunos pretendidos dirigentes de izquierda, se cae a pedazos de arriba abajo. Los trabajadores, los jóvenes, los campesinos, los jubilados y hasta las clases medias y los pequeños empresarios están hartos de la palabrería de un régimen que no respeta su propia Constitución y de unos polìticos que en su inmensa mayoría sólo sirven los intereses creados de los poderosos.

Antes de que sea demasiado tarde y arda la ira popular, el poder judicial y el parlamento, cada uno en su ámbito, tienen que cumplir con su deber constitucional y atajar sin contemplaciones la raíz misma del mal social y político que ahoga a la sociedad en su conjunto, “caiga quien caiga” como dijo María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, en un alarde retórico sin pensar en aplicarse ella misma la receta.



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=163172



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